Enemigos de Jardín: Leyes y conceptos a tener en cuenta

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Por Enemigos de Jardín

(Víctor Balcells, Borja Aguiló, Fabio de la Flor y Ben Clark)

Hay varias cosas que los Enemigos de Jardín tienen que decir. Primera y básica ley: Dejen de leer ‘El Principito’. ‘El Principito’ es un libro sólo para estados larvarios del conocimiento, para mentes blandas, para niños cuya masa ósea aún no se ha solidificado. No lean ‘El Principito’ ni siquiera para garabatear en la carpeta de la chica de clase «Lo esencial es invisible a los ojos». Clarooooo. Lo esencial DEBE ser invisible a los ojos. Lo esencial pertenece a una categoría de ocultamiento, y como tal, debe esconderse, debe disimularse, la gente no debería jamás jugar con lo esencial, lo esencial se guarda en botes pequeños, sí, pero también en los hangares del Área 51, en nuestros frigoríficos, en nuestras mesillas de noche. Y sobre todo, lo esencial no tiene forma de niño rubito con rizos y guardapolvo pasado de moda que vive en un puto planeta con cuatro margaritas, una oveja y viendo cómo una culebra se come a un elefante y no haciendo absolutamente nada más en todo el santo día, salvo contarle una historia de no se sabe qué a un aviador mileurista que no sabe si el niño existe realmente o es una alucinación provocada por las dos botellas de vodka que se ha metido en el cuerpo antes de desayunar. ‘El Principito’ es blando, es jabonoso, es tierno, es bonito, es esencial, es un puto coñazo. Si ustedes respetan verdaderamente lo esencial, si ustedes tienen un ápice de respeto por el sufrimiento y la verdad, dejen de comprar este libro en todas sus modalidades de edición. Y por favor, y sobre todo, no lo compren para aprender francés. Ustedes no tendrán nunca en la vida la necesidad de decir en francés Boa Constrictor, ni explicarle a nadie que vive en un planeta de dos metros cuadrados y que viste como un gilipollas porque no hay un H&M donde comprarse un jersey decente. (más…)

Juan Carlos Onetti: alrededor de la medianoche

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Por Gabriel Torres Chalk

Es un hostal en un callejón del centro de la ciudad. El pasillo está iluminado, tenue. Se escucha el sonido de un saxo filtrándose por la puerta entreabierta. Dexter Gordon. Por cierto, es mitad de siglo. No sé por qué esta escena de medianoche me recuerda una mitad de siglo que no he vivido. Pero la reconstruyo con el detalle de quien cuenta su historia de la historia. Así es, Juan Carlos Onetti nos enseña que la historia no es la historia, sino dos personas hablando a medianoche tocados levemente por esa luz inventada por los arcos del rellano, y la noche se confabula en las notas musicales que salen de los dedos entre el humo que se deja colgar de las palabras.
El amanecer construye en la mente del hombre la necesidad de ser otro. Entonces el lector siente que se puede expandir en esa lectura y construir su diferencia dentro de la trampa textual. La vuelta de tuerca de Onetti consiste en reinventar esa trampa en una liviana forma de libertad. Cuando esa libertad se expande y se transfigura en una forma de salvación, entonces tenemos una obra maestra. Es decir, ‘Los adioses’ (1954). Ahora bien, para la existencia de esta genial obra, necesitaba nutrirse previamente de ‘El pozo’, recordemos, publicada en 1939 con una tirada de quinientos ejemplares en un taller de imprenta de dos amigos, con un falso Picasso como portada y en papel de estraza. (más…)

Antonio Colinas: “La escritura es un medio para buscar la plenitud del ser”

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Entrevista, por Vicente Valero

Antonio Colinas (La Bañeza, 1946) presenta el próximo viernes 19 de marzo, en el Club Diario de Ibiza y dentro de las jornadas literarias de Puerto Mediterráneo del Libro, ‘Tres tratados de armonía’, que acaba de publicar la editorial Tusquets. En este nuevo volumen se recogen los dos primeros tratados, publicados por la misma editorial en 1991 y 1999, juntamente con uno nuevo, inédito hasta ahora, con el que se completa la serie.
—Se cumplen casi 20 años del primer ‘Tratado de armonía’, ¿recuerda cómo surgió?
—El germen es, por supuesto, Ibiza. Nacieron de un tiempo en el que apenas viajaba, muy interior. También de ese dicho sufí que he puesto al frente del libro: «la naturaleza es sin más un libro abierto que el ser humano debe leer». Se trataba de leer símbolos y signos a través de una naturaleza ni costumbrista ni rural, sino esencial y profundamente universalizada. En ese nacimiento tuvo mucho que ver también el pensamiento y la poesía orientales, una forma especial de contemplar el mundo, traspasada por la intemporalidad.
—Por las características de su escritura, estos breves textos a menudo parecen fragmentos de un diario mayor… ¿Lleva un diario personal, íntimo? ¿O a qué género diría que pertenecen?
—Llevo, en efecto, un diario desde mis años de adolescente, aunque a saltos, no con excesivo rigor. A veces he pensado incluso en publicar algunas partes de ellos, como las de los años de Italia, pero nunca lo hago. Para mí el diario posee de momento un sentido profundamente interior, de autoconocimiento, y no responde  al chismorreo que a veces se va buscando en este tipo de obras. Los ‘Tratados de Armonía’ poseen otro sentido: son textos elaborados muy lentamente, fruto de momentos humildes, pero para mí especiales, de lo que yo llamo las «contemplaciones». Por eso, me resulta difícil enmarcar estos libros dentro de un determinado género literario. Sí, es cierto que en principio podríamos hablar de aforismos, pero hay secciones, como ‘En las noches azules’ o ‘Geometrías del fuego’ que perfectamente podrían ser considerados como poemas en prosa. (más…)

Eran distintos

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Por Fernando-Guillermo de Castro 

En el Otoño de 1939 –recién terminada la Guerra Civil–, Juan Benet y yo coincidimos en el Colegio del Pilar, de Madrid. Primer curso de Bachillerato. Estuvimos siempre en aulas distintas, de modo que sólo nos veíamos en los recreos. Y quizá le viera yo más a él que él a mí, por la sencillísima razón de su estatura, verdaderamente sobresaliente, desmesurada. Y como si los alumnos quisiéramos jugar a la paradoja, todos le llamábamos Juanito.
Nos dejamos de ver cuando terminamos el Bachillerato y los dos abandonamos el Colegio del Pilar. Hasta Febrero de 1949. Había escrito yo mi primera novela corta (‘Hambre y amor’) y decidí presentarla al Premio Café Gijón, que acababa de fundar Fernando Fernán-Gómez. También fue esa tarde, al fin, la primera vez que entré yo en el mítico café literario madrileño. ¡Cuántas otras tardes, antes, había pasado por delante de las cristaleras de sus ventanales, con el afán de atisbar en aquella pecera a alguno de los peces gordos de las letras españolas en candelero…!
Lector puntual cada semana de La Estafeta Literaria, yo sabía que al Gijón acudían a diario personajes tales como García-Nieto –poeta-adalid de La Juventud Creadora–, el afamado escritor (que casi no escribía) Eusebio García Luengo, Camilo-José Cela, Juan-Antonio de Zunzunegui –el del mal fario–, Buero Vallejo o Víctor Ruiz Iriarte, al que llamaban «El Pequeñito» porque era un enanito, pero con un buen vozarrón y hasta con una guapa novia, actriz de teatro conocida.

Con Benet en el Gijón
Así, pues, entré la tarde que digo en el Café Gijón, con mi novela, bien mecanografiada y encuadernada, en mis manos, frías por la emoción. Al primer camarero que me tropecé, le pregunté por García Nieto –Fernán-Gómez le había designado secretario del concurso–. El camarero señaló a un individuo, que estaba sentado, de espaldas a la entrada, en uno de los divanes de peluche rojo:
–Es ese caballero repeinado y trajeado de azul marino–, aclaró o recalcó el camarero.
Pepe García Nieto me recibió amicalmente. Me invitó a sentarme con él, incluso, a tomar café. Dejó mi novela –sin ni siquiera haberla abierto–, sobre el mármol de la mesa contigua a la nuestra. Pero a García Nieto le acompañaba esa tarde alguien inimaginable para mí en semejantes cometidos: Juan Benet…
Juanito se limitó a saludarme con un arqueo de cejas, que ni debió advertir García Nieto. (Señalaré que Juanito era cejijunto). Sin embargo, con desfachatez inaudita, tomó mi novela en sus manos y se dedicó a hojearla, con tranquilidad propia de lector. El secretario del concurso literario empalideció de estupor, mientras yo me reía para mis adentros ante tamaño desparpajo, colmado de osadía y descortesía, también, claro está. Cuando Juanito devolvió mi novela a su lugar en la mesa contigua a la nuestra, hizo otro gesto benevolente, como de aprobación. Juan Benet era así, gestero, presumido, desatento con el prójimo (muy probablemente, por timidez), divertido. (Verle actuar, que se comportaba como actor en escena).

Después de fallado el concurso (Eusebio García Luengo ganó el primer Premio Café Gijón de novela corta con ‘La primera actriz’), yo continué yendo al café, donde fui, en general, muy bien recibido. La verdad es que ‘Hambre y amor’, aún sin publicarse, me abrió las puertas de las diversas tertulias que se reunían por aquellas calendas en el café. (más…)

Shutter Island: las propias cadenas

Por Carles Fabregat 

Como sucede a menudo con algunos escritores contemporáneos, ‘Shutter Island’, novela gótica de Dennis Lehane, ya contiene dentro de sí una película claramente estructurada, incluso con su lenguaje de tiempos alterados tan al gusto de hoy. Alterados hasta el punto que, al mezclarse aquí realidad y fantasía de un modo tan entrelazado, la amalgama resultante acaba por revelarse como la esencia misma del relato. Consideración que no desdice el talento de Scorsese, quien lo recupera aquí tras su vacilante última trayectoria compuesta por títulos como ‘Gangs of New York’, ‘El aviador’ o ‘Infiltrados’. Un talento que en la madurez de este director aparece destilado bajo la forma de ‘oficio’ –y de una demostrada capacidad mimética: ya han sido citados al respecto Hitchcock, Welles o Lynch–, puesto al servicio de un producto claramente de género, con todo lo que esto conlleva de positivo y de negativo.
No es casualidad que los sucesos narrados en ‘Shutter Island’ tengan lugar entre 1952 y 1954, la época central del macarthysmo, fenómeno que oscureció la vida política estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial en los compases iniciales de la llamada guerra fría. No sólo se trata del período de la conocida ‘caza de brujas’, también son los años de la bomba ‘H’, de los avances tecnológicos susceptibles de cambiar los hábitos sociales –caso del televisor– y de la paranoia contra el enemigo interno (la ‘cruzada’ anticomunista), fundamentada, a modo de pretexto, en la victoria recién obtenida sobre el enemigo externo, procedente de la vieja y decadente Europa.
Se trata, pues, de un tiempo de intrigas nacionales e internacionales, en los que se alimenta el germen de la ‘teoría de la conspiración’, que tanto ha servido posteriormente para mantener el miedo en el cuerpo del ciudadano con facturas e hipotecas que pagar, a la vez que de inspiración para guionistas especializados en enrevesados thrillers sobre ‘la verdad de las cosas’.
En este sentido, lo que Lehane nos propone es justamente un thriller conspiratorio a la inversa: nada es lo que parece, cierto, pero el espectador deberá sufrir una herida narcisista fruto de haber apostado por el equipo equivocado. Y ahí radica su máximo interés y también su piedra de toque: es fácil quedarse en el artificio de tan atractivo punto de partida. O de llegada, según se mire. Aquello a lo que el espectador está acostumbrado es a identificarse con el héroe capaz de luchar contra todas las adversidades, con el ‘falso culpable’ hitchcockiano, a quien el tiempo (o como mínimo el último tramo de la cinta) acaba siempre por dar la razón. No al contrario. (más…)

Món Barceló

Per Mario Riera 

Com diu el propi artista Miquel Barceló, «la meva vida es sembla a la superfície dels meus quadres», i és així, des d’aquesta proposta artística i biogràfica, com podem admirar l’obra retrospectiva de l’autor de Felanitx, en la recentment inaugurada exposició al Caixa Fòrum de Madrid que duu per títol ‘La solitude organisative’. Aquest títol fa menció a una de les obres exposades, una mena d’autoretrat on observem la imatge d’un goril·la amb aspecte seriós i assegut a un racó de l’escena i que va ser escollida per representar a Espanya en la darrera Biennal de Venècia.
La mostra és una acurada selecció de la producció més variada de l’artista, on podem veure reflectits en diferents èpoques les seves inquietuds existencials fruit d’una actitud en constant recerca del seu món interior en comunió amb les seves experiències i viatges. La transparència profunda de la mirada ens convida a submergir-nos inevitablement en una força visual que ens atrapa, a conviure dins el quadre portats pel rapte del que bull el propi estat creatiu de l’artista.
Aquest és un element imprescindible quan un es posa davant una obra de Barceló, el seu imaginari figuratiu juntament amb l’expressió extrema de la passió creadora ens transporta a un món on tan les pintures com les escultures mostrades ens presenten una proposta on la intenció de provocar els trets culturals més profunds estan per sota del colorit i de les formes intangibles que tramen la seva visió singular i única. (más…)

Un paseo en bicicleta a Talamanca (Escorzo sin verbos, recordando a Cioran)

Por Miguel Ángel González 

Desde que el Nobel Cela, don Camilo José, afirmó en apodíctico discurso que el verbo es el alma de la frase y que sin él no podemos escribir de modo que se entienda, sentí la irresistible tentación de contrariarle con algunos textos en los que, salvo en función adjetivada, no se utiliza ningún verbo.

Excursión a Martinet por el marino alfoz de la ciudad, más allá del cementerio de barcos y del Matadero, por las orillas muertas de la Barra y de la Casa Colorada. Con el Astillero a mis espaldas, un contraluz hiperbólico de malvas para novicios del verso y en el aire, cenitales, roncos gritos y acrobáticos juegos de gaviotas en vuelo hacia su abrigo en los islotes, mar adentro, camino de los freos y Formentera: una increíble algarabía de pájaros en el anuncio de la noche y, muy poco después, el silencio de un cielo vacío. A un tiro de piedra y por delante, en el centro del llano, Puig d’en Valls, un otero modesto sobre los huertos del Pla de Vila y la marina; un ramillete de casas blancas sembradas al tresbolillo en la ladera y en su cima un molino sin techo, con sólo tres aspas de las seis originales y, según los vecinos de más edad, refugio en tiempos de un nazi esquivo y taciturno, pintor circunstancial de olivos y algarrobos, tal vez una ecológica catarsis para la expulsión de antiguas represiones y remordimientos. (más…)

Abstracciones de hoy en Ibiza

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(Foto: J. A. Riera)

Por Vicente Valero 

En 1977, después de haber podido constatar, durante las dos últimas décadas, una presencia fecunda y dilatada en Eivissa de la pintura abstracta –«más que en ningún otro lugar»–, el crítico catalán Daniel Giralt-Miracle grabó una conversación, distendida y serena, en torno a esta cuestión en la que participaron algunos destacados artistas nacidos o residentes en la isla. A decir verdad, ninguno de los contertulios parecía demasiado sorprendido por aquel hecho y todavía menos dispuesto a elaborar una teoría profunda acerca de la estrecha relación entre la pintura abstracta y la isla de Eivissa –relación que se inicia a principios de los años 50, con la llegada de artistas extranjeros, y que, desde entonces, ha constituido un importante caudal de obras y exposiciones–.
Don Kunkel, por ejemplo, se limita a decir en la conversación que Eivissa era el lugar ideal para «conjugar un ambiente de naturaleza con cosmopolitismo». Bechtold afirma haber venido para «encontrarme a mí mismo y para estar solo con mi obra». Y Micus asegura haber elegido vivir en la isla simplemente para «ver crecer las almendras». En fin, hay que tener en cuenta que la conversación se grabó después de una paella –suponemos que formidable, como suelen serlo– en casa de Rafael Tur Costa y las digestiones pesadas nunca dan para mucho más. Por su parte, el pintor ibicenco, pionero del arte abstracto entre los artistas ibicencos, se muestra convencido también en la misma conversación de que «si viviera en Suecia es muy posible que mi pintura fuese otra».
La persistencia hoy de la pintura abstracta en Eivissa, heredera en parte del movimiento de vanguardia de los años 60 y 70 –en el que al menos dos o tres galerías se ocuparon de marcar tendencia–, tiene interés por sí misma, como fenómeno artístico y sociológico que merecería la pena ser estudiado en profundidad, pero no menos por los frutos particulares de los que todavía, como aficionados al arte, podemos disfrutar de vez en cuando. (más…)

El dolor de las palabras (Sobre ‘Han vingut uns amics’, de Antoni Marí)

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(Foto: José del Río Mons)

Por Vicente Valero

La trayectoria poética de Antoni Marí (Eivissa, 1944) se inició en 1977 de un modo atípico, muy singular, con un libro escrito en colaboración con Francesc Parcerisas y titulado ‘Ombra i llum: variacions sobre un tema romàntic’. A este libro siguieron otros tres, ‘El preludi’ (1979), ‘Viatge d’hivern’ (1989) y ‘El desert’ (1997), un poemario por década, recogidos en 2003 en un solo volumen, ‘Tríptic des Jondal’, reunión que enfatiza la unidad temática y formal de aquellos tres libros. Es posible que algunos de sus lectores se preguntaran entonces, después de leer ‘Tríptic des Jondal’, si aquel libro significaba algo más que la recopilación de su obra poética, si se trataba tal vez de una despedida –la publicación de unas ‘obras completas’ siempre posee un cierto aspecto definitivo– o, cuando menos, del final de un ciclo y, por tanto, también, si se abría de aquella manera la perspectiva de un cambio. Pues bien, la respuesta a su pregunta ya la pueden encontrar en este nuevo libro que el poeta ibicenco acaba de publicar ahora en la colección L’Ull de Vidre, de la editorial Tusquets, y titulado ‘Han vingut uns amics’.
Planteado como un largo poema en 15 partes –o como 15 poemas de un mismo discurso ininterrumpido–, ‘Han vingut uns amics’ sorprenderá a los lectores de Antoni Marí –y en parte también a los lectores habituales de poesía castellana y catalana de nuestros días– por su decidida apuesta por un tipo de discurso y un tipo de lenguaje narrativos. Hay una historia en este libro y los versos, largos y libres, desencadenados con fluidez, se ocupan de contarla, con la lógica de la narración más que con la de la lírica –es decir, con una capacidad análitica más que sintética–, progresando linealmente en torno a un gran tema principal. Hay, por tanto, respecto a los tres libros anteriores, un cambio muy profundo que afecta, sin embargo, no tanto al mundo poético de su autor como a la manera de presentarlo. Es en la forma donde Antoni Marí ha decidido poner patas arriba su universo poético, al proponer una nueva manera de presentar al sujeto, de ponerlo una vez más a pensar y a decir, a expresarse. (más…)

Salinger: l’escriptor amagat

Per Bartomeu Ribes

(A Toni Roca, Holden Caulfield mallorquí)
No l’entenia, a l’amic, parlant per telèfon amb veu gutural i com entrevessada per un escuradents de palla seca que no li deixava pronunciar com pertocava les vocals i les consonants agrupades en paraules mica clares. Era ja el matí que s’acabava amb llum despòtica de gener mediterrani suculent i últim. Què havia estat fent? Me’n recordava o tot just començava en aquell precís moment pel seu bell principi que, suposaré, pot i deu existir? El començament és la fi, crec que diu un famós vers d’un més famós encara poeta. Però jo, a l’amic, a través del telèfon, no l’acabava d’entendre prou bé. Que qui s’ha mort? El dec conèixer? M’estic preocupant i tanmateix no ho veig ni ho entenc ni ho puc endevinar sense tornar a escoltar el mateix missatge unes bones quantes voltes.
No l’entenia de cap manera i era veritat que se’m feia impossible de desxifrar aquell missatge lacònic, pastós, fosc, cap al final crec que funerari. Ja sabem que pel gener minva la percepció una mica equilibrada de la vida tot just encetada en forma de nou any que sols es desxifrarà en el moment exacte que s’acabi, vull dir que encara manca bastant, que ja veurem com poden anar les coses. No l’entenia, això és cert, i pot ocórrer que sigui que qui no m’entén és ell i ni se n’adona quan em deixa el missatge, sempre lamentable, de la mort d’algú altre que no sé qui és o ara no ho endevin. De què val que es morin els altres si no sabem qui són i no els suportaríem en cas d’haver-los conegut? A la fi, per  culpa d’un notable entestament i per circumstàncies gairebé lògiques, puc descobrir que l’amic patia d’una ferotge tristesa que l’havia atacat, de sobte, ahir al vespre, quan s’assabentà de la mort als 91 anys de l’escriptor amagat J.D.Salinger. Com pot la tristesa, però, actuar d’aquesta manera? (más…)

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