Can Jordi

can-jordi.jpg

Por Antoni Marí

Posiblemente las botigues, las tiendas ibicencas de las diferentes carreteras de la isla, sean de las pocas instituciones tradicionales que se mantienen incólumes. Conservan el mismo espíritu entre almacén, bar, tienda de comestibles, farmacia y ferretería.
Antiguamente las botigues vendían únicamente aquellos artículos de primera necesidad que no se tenían en casa, como arroz, lentejas, garbanzos, guixes, bacalao, esparto, cáñamo, especias, tabaco, azufre, alpargatas, flit, sardinas de casco, aceite a granel y petróleo. Generalmente, las patatas, los embutidos y las hortalizas, como cada casa cultivaba y producía las propias, era muy raro encontrarlas para la venta.
Sobre todo, sa botiga era un lugar, como la iglesia del pueblo, donde se hacía sociedad: se informaba, se conversaba, se apalabraba y se intercambiaba lo que le faltaba a uno y necesitaba otro, se liaba un cigarrillo de pota y se podía tomar un vaso de vino o un palo con ginebra; la sociedad dispersa de la isla no permitía otra forma de relación comunitaria que la compra y la asistencia a la misa los domingos.
Nunca han faltado las tiendas en las carreteras de la isla y apenas han cambiado su perfil, puesto que las necesidades son las mismas y la estructura de la sociedad rural se mantiene como casi siempre.
En el kilómetro 7,7 de la carretera de Eivissa a Sant Josep hay una botiga, Can Jordi, abierta desde hace más de setenta años, donde podremos encontrar todo lo necesario para la supervivencia, desde la bombona de butano hasta el cucharón de matanzas, habas del huerto, naranjas buenísimas de la tierra, el pan, el vino, la sobrasada y la ensaimada.
Una barra de bar, escueta y magnífica, permite sentarse en ella y tomar cualquier cosa mientras se escucha los Rollings Stones, els Ressonadors, o los Beach Boys. Can Jordi tiene un porxet con pilares, con un cierto aire clasicista, que cubre la entrada a la tienda, la preserva del sol y de las inclemencias y permite tomar café y leer el periódico en unas mesas preparadas para lo que sea necesario.
Este porxet es un espacio verdaderamente humano, un lugar para estar solo si uno quiere estarlo y para el diálogo y el intercambio de todo lo que hace posible la amistad y el mutuo reconocimiento.
Posiblemente la ubicación de Can Jordi, en el cruce del antiguo camino de Es Cubells con la carretera de Sant Josep, hacen propicio que sea un lugar donde comprar cualquier cosa, se convierta en un pretexto para ir allí.
Pero creo, sobre todo, que es la atenta y generosa disposición de Cati y de Vicent –siempre dispuestos a invitarte a un café o una cerveza con la amplia sonrisa de la hospitalidad– lo que favorece y hace posible que se reúnan un alemán que hace muchos años vive en el barrio, una catalana que vive en la montaña, un francés un poco más lejos, els josepins que salen del trabajo y se detienen a tomar el aperitivo y es vileros que conocen el lugar y saben que serán bién atendidos.
Hace unos meses, Vicent, que tiene un envidiable entusiasmo para el trabajo y una imaginación capaces de transformalo todo, ha despejado el almacén que da al porxet, ha encalado las altas paredes, ha limpiado los techos de tegell y ha creado un espacio abierto a todo lo que sea posible: a quien tenga algo que mostrar o simplemente a quien quiera estar un poco apartado del trajín de la tienda y los clientes.
Es magatzem de Can Jordi es un pretexto para hacer del local un lugar de mayor interés. Desde hace unos meses se han expuesto fotografías, dibujos y pinturas que ofrecen al local un aire peculiar donde el arte y la existencia diaria se identifican en la voluntad de hacer de la vida algo memorable.
Aquí han expuesto artistas del lugar y forasteros, que al final se quedan a tomar algo y se llevan un par de kilos de patatas, mientras los clientes pueden contemplar arte colgado de los muros.
Es magatzem de Can Jordi es una prueba de que ses botigues son todavía lugar de convivencia, de vitalidad y de asombro.

2 respuestas to “Can Jordi”

  1. Carme
    Diciembre 11th, 2009 | 8:19

    Ja va bé que naltros mateixos lloem ses nostres coses, que fins ara semblava que no ho apraciàvem a bastament.
    Però encara aniria millor si les conservam i no ho dic per Ca’n Jordi, ho dic per l’espai natural que té al voltant: l’illa!
    En Jordi i na Cati es mereixen un monument…

  2. Evaristo Roig
    Noviembre 25th, 2011 | 18:50

    Espléndido lugar con gran ambiente y buena música….os lo recomiendo

Escribe un comentario