Lucía Montojo: “La naturaleza ibicenca es mágica”
Por Vicente Valero
Aunque nació en Madrid (1974), se considera «absolutamente ibicenca». Razones tiene. Casi toda su familia vive en la isla, sus abuelos, paternos y maternos, siempre han estado vinculados a Ibiza, y ella pasa aquí el tiempo que le permite su trabajo de periodista en Madrid, en el diario La Razón, donde aprovecha para escribir mucho sobre la isla y su gente. Es autora de dos novelas y está escribiendo la tercera. Hablamos de periodismo, de literatura y, por supuesto, de Ibiza.
—Sueles decir que tu primera novela, ‘El callejón del beso’, te salvó la vida.
—Sí, porque yo necesitaba entonces, después de un bache muy importante en mi vida personal, seguir adelante. Como soy terriblemente introvertida, me lo guardo todo para mí, necesitaba vomitarlo, así que la novela se convirtió en una especie de catarsis, gracias a la cual renací y pude seguir caminando. Es un libro al que yo siempre estaré muy agradecida.
—¿Cuándo supiste que ibas a ser escritora?
—Escribo desde siempre, a los 14 años gané un premio de poesía y luego no he dejado de escribir poemas, cuentos. A los 20 años seguí con la Escuela de Letras y decidí que quería ser escritora en el momento en que empecé a escribir mi primera novela.
—¿Es útil una Escuela de Letras?
—A un pianista tienen que enseñarle a tocar las teclas de un piano para llegar a componer una buena partitura. Creo que hay escritores que tienen el don maravilloso de escribir como los ángeles, pero creo también que la escritura se puede formar, no así el genio, que lo llevas contigo. En una Escuela de Letras te enseñan la parte técnica, te dan recursos, te enseñan a tocar unas teclas, pero, claro, no te enseñan a escribir.
—Tu segunda novela, ‘Pasaje de vuelta’, transcurre en Ibiza.
—Es una novela mágica. A mí, lo que siempre me ha llamado más la atención de Ibiza es su magia. No hace mucho di una conferencia sobre las diosas, centrándome en la figura de Tanit. La naturaleza ibicenca es mágica. Sus sabinas y el hechizo del viento, los islotes, esas mujeres dormidas o dragones que puedes ver en ellos y, por supuesto, la luz, que me encanta. Es una isla, como se ha dicho mucho, bendecida por los dioses.
—Lo que quieres decir, supongo, es que Ibiza puede transformar a las personas.
—Hay que distinguir. Sí, transforma a las personas, pero no estoy de acuerdo, por ejemplo, con esos que vienen de Madrid, se visten de blanco en el avión y ya son ibicencos. Esto es una horterada. No. Simplemente, creo que Ibiza, al ser una tierra de lobos solitarios, es cierto que te transforma, pero a un nivel mucho más profundo. Te invita al pensamiento, al nirvana, a la poesía, a la música y al dolce far niente. A veces da la impresión de que cuando llegas a Ibiza, el alma te dice que es el momento de despertar.
—Bueno, esto es lo que le pasa a la protagonista de la novela. ¿Es una obra autobiográfica?
— No es autobiográfica, aunque los personajes tienen todos pinceladas de gente que he conocido aquí y me han llamado la atención. En Ibiza encuentras auténticos personajes que no existen en otro lugar del mundo. Recuerdo una noche, paseando con mi abuela Lucía, cuando una historia me guiñó un ojo. La historia era un viaje a través de los arquetipos de Jung, un viaje iniciático.
—¿De donde proviene esta seducción de Ibiza que atrae a tantos personajes singulares?
—Para mí, ante todo, Ibiza es una isla maternal. De hecho, la novela que a mí me gustaría escribir tendría como protagonista a la mujer y a la naturaleza ibicencas. Lo que es una tormenta ibicenca en la vida de una mujer, el paso de las estaciones… Pero la seducción de Ibiza pasa sobre todo por el «vive y deja vivir». Para toda la gente deseosa de romper con corsés sociales, que necesitan zambullirse en la libertad, la isla siempre ha sido un lugar señalado. Claro que esto debe hacerse con respeto, poque ahora viene cada año una horda de animales con muy poco respeto por los demás. Aunque yo creo que están de paso, algún día no volverán.
—’Pasaje de vuelta’ es una novela también muy intimista, bucea en el interior de los personajes.
—Me encanta meterme en las luces y las sombras de mis personajes, bucear en su interior.
—¿Cómo se compaginan el trabajo periodístico y la escritura intimista de la narrativa?
—Es difícil, me cuesta bastante. Son dos lenguajes diferentes. Pero también lo veo como necesario. Por una lado, el lenguaje más de calle, en el periodismo. Por otro, el lenguaje intimista de la narrativa. Ahora bien, yo no puedo compaginarlos en este momento, lo reconozco. Aunque ahora estoy escribiendo mi tercera novela, veo que me está costando mucho.
—Te mueves con frecuencia en el verano del «famoseo ibicenco», sobre el que escribes en la presnsa. ¿Hay alguna novela ahí?
—No, no me llama nada la atención. Hay gente estupenda, pero predomina la horterada. Ibiza nunca ha sido tan burguesa como lo es hoy. Por otra parte, me gustan las discotecas, pero no que me impongan esta o la otra, ni seguir en el rebaño a los djs, que no son más que pinchadiscos.
